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CURIOSIDADES

El síndrome por exceso de empatía o el desgaste por compasión

El síndrome por exceso de empatía o el desgaste por compasión

2018-07-11

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La persona con un exceso de empatía es como una antena de largo alcance que absorbe y engulle cada emoción que vibra en su entorno. Lejos de gestionar semejante sobrecarga, se acaba diluyendo en las necesidades ajenas, envenenándose por exceso de compasión hasta el punto de sentir culpabilidad por el dolor que otros experimentan. Pocos sufrimientos pueden ser tan desgastantes.

“La capacidad de colocarse en el lugar del otro es una de las funciones más importantes de la inteligencia. Demuestra el grado de madurez del ser humano”

-A. Cury-

Las personas que sufren un exceso de empatía o “híper-empatía” y que muestran un patrón persistente de malestar e incapacidad para funcionar a nivel social, personal y laboral, entrarían, en este caso, dentro de un trastorno de la personalidad.

Todo ello nos lleva sin duda a concretar que no es lo mismo “ser muy sensible” que padecer un síndrome de “híper-empatía”. Por ejemplo, en el interesante libro “Las mujeres que aman a psicópatas”, de Sandra L. Brown, hay un aspecto que no puede dejar indiferente a nadie. En el trabajo de esta psiquiatra pudo verse que hay mujeres que pueden llegar a entender el comportamiento psicopático de sus parejas e incluso a justificarlo.

Su exceso de empatía les incapacitaba por completo para ver con claridad al depredador, asesino o maltratador que tenían delante. Es más, su ingenio para justificar los actos violentos del cónyuge eran increíblemente sofisticados. Un hecho que evidencia claramente que la “híper-empatía” es un tipo de trastorno del que no se habla demasiado, pero que debemos considerar.

Es importante recordar ahora qué tipos de empatía podemos llegar a experimentar, cuáles son saludables y cuáles pueden llevarnos a esa frontera donde, inevitablemente, surge el malestar.

 

►Empatía afectiva o “yo siento lo que tú sientes”. En este caso, la empatía afectiva tiene que ver con nuestra capacidad para sentir las emociones, sensaciones y sentimientos que experimenta otra persona… y a su vez tener compasión por ella.

 

►Empatía cognitiva o “yo comprendo lo que te está ocurriendo”. La empatía cognitiva, por su parte, es más bien una habilidad. Nos permite disponer de un conocimiento más completo y exacto sobre los contenidos de la mente de quien tenemos enfrente. Sabemos cómo se siente y lo comprendemos.

 

►El exceso de empatía o “híper-empatía” supone ser un espejo y a su vez una esponja. No solo sentimos lo que otros sienten, sino que lo sufrimos, y es un dolor físico que crea angustia y que a su vez, nos supedita a las necesidades ajenas sin poder discriminar esa frontera entre uno mismo y los demás.

 

¿Cómo es la persona que sufre un exceso de empatía o “híper-empatía”?

 

Es habitual que la persona experimente muchos cambios de humor, pudiendo ir desde el abatimiento más profundo hasta una felicidad histriónica o desmedida.

Son pacientes muy dependientes. Es decir, desean resolver todos los problemas de los demás para reforzar la imagen de personas valiosas y necesarias que quiere proyectar, necesitan de una interacción continua y se validan a sí mismos haciendo favores o incluso promoviéndolos ellos mismos. Si alguien intenta poner límites, se sienten heridos, rechazos y muy desgraciados.

Asimismo, es común que las personas con “híper-empatía” sean muy sobreprotectoras y que minen la autonomía de los demás.

El exceso de empatía hace que tengan serias dificultades a la hora de ser productivas en sus trabajos. Se sienten discriminados, nadie entiende su altruismo, su necesidad de apoyar, de ayudar…

Por último, y no menos importante, a menudo nos vemos con pacientes que pasan del exceso de empatía al resentimiento. Han sido tantos los desengaños sufridos que acaban aislándose, sumidos en sus sentimientos de rabia y decepción.

 

¿Qué podemos hacer si sufrimos exceso de empatía?

La respuesta no puede ser más simple: pedir ayuda profesional. Tanto si estamos en el extremo más patológico como si sufrimos simplemente “híper-sensibilidad”, siempre es adecuado aprender una serie de técnicas con las que poner límites, tener un mayor autocontrol sobre nuestros pensamientos, nutrir las propias necesidades y definir con mayor vigor la propia identidad y autoestima.

No podemos olvidar que la empatía excesiva no solo genera malestar, sino que nos separa de nosotros mismos y del propio mundo. No vale la pena anclarnos en semejante esfera de vacíos y tormentos persistentes.



Fuente: lamentemaravillosa.com

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